MOSMA Reloaded: Birdman vuelve a latir en el Teatro Cervantes
Redactora Laura Sánchez; Fotografías Óscar Lugo
El pasado 14 de septiembre, el Teatro Cervantes de Málaga acogió el primer evento de MOSMA Reloaded, una nueva etapa para el festival que durante años ha convertido la ciudad en punto de encuentro para los amantes de la música de cine.
Y lo inauguraron con un formato muy MOSMA: la proyección de una película con el propio compositor de su banda sonora interpretándola en directo. En esta ocasión, Birdman, la película de Alejandro González Iñárritu protagonizada por Michael Keaton, y Antonio Sánchez, sentado frente a su batería.
Pero antes de empezar a tocar, Sánchez quiso contarnos cómo nació aquella banda sonora.
Y ahí empezó realmente el encuentro.
Porque la historia de la música de Birdman es casi tan particular como la propia película.
Antonio Sánchez ya conocía el trabajo de Iñárritu. Había visto algunas de sus películas antes de que sus caminos se cruzaran y, cuando tuvo la oportunidad de conocer al director y trabajar con él, todavía no sabía que aquella colaboración iba a llevarle por un camino completamente diferente.
Sánchez explicó cómo, al principio, se enfrentó al proyecto pensando en crear diferentes motivos para los personajes. Pero Iñárritu tenía otra idea.
Quería algo mucho más libre.
El director le iba contando qué estaba sucediendo en cada escena y Sánchez respondía desde la batería. «Ahora el personaje hace esto». Y él tocaba. «Ahora pasa aquello». Y volvía a reaccionar.
No había una partitura cerrada que seguir; había una historia que imaginar y una batería que respondía a ella.
Así, a base de improvisaciones, fueron naciendo buena parte de los sonidos que acabarían formando la identidad musical de Birdman. Una música que no se limita a acompañar las imágenes, sino que parece avanzar con ellas, acelerarse cuando la historia se descontrola y respirar cuando todo parece detenerse.
Y eso es precisamente lo que hace tan especial escucharla en directo.
Antonio Sánchez no vino simplemente a interpretar una banda sonora. Vino a volver a hacernos entrar en ella.
La pantalla proyectaba las imágenes de Iñárritu y, frente a ella, Sánchez volvió a ponerse en el papel que había desempeñado durante la creación de aquella música: escuchar lo que ocurre en la historia y responder con la batería.
Cada golpe acompañaba a Riggan Thomson por los pasillos del teatro. Cada cambio de ritmo parecía empujar la película hacia delante. La batería se convertía en ese pulso constante que atraviesa la historia y que, por momentos, parece tener vida propia.
Y ahí estaba la magia de la propuesta.
Durante la proyección, Sánchez no parecía estar simplemente siguiendo lo que ocurría en pantalla. Parecía conversar con ella.
Una conversación que empezó hace más de una década entre Iñárritu y una batería y que convirtió el Teatro Cervantes en una experiencia musical muy especial, muy mágica, muy MOSMA.