Crónica Rick Astley en Starlite: humor, talento y mucho más que nostalgia.
Hay artistas que viven de la nostalgia. Y luego está Rick Astley, que hace justo lo contrario: utiliza su pasado como combustible para ofrecer un concierto tremendamente vivo, divertido y sorprendente. Su regreso a Starlite Occident Marbella, el viernes 10 de julio, fue una de esas actuaciones que dejan claro por qué, casi cuarenta años después de irrumpir en 1987, sigue llenando escenarios con una naturalidad envidiable.
Porque sí, todos llegamos esperando cantar "Never Gonna Give You Up". Lo que nadie esperaba era descubrir al extraordinario músico que hay detrás de aquel himno de 1987.
Desde el primer minuto quedó claro que el británico no necesitaba disfrazarse de lo que fue. Le basta con ser quien es hoy: un artista que ha entendido perfectamente cómo convivir con su propia leyenda.
Un maestro riéndose de sí mismo.
Durante todo el concierto fue regalando comentarios que provocaban carcajadas constantes.
Tras interpretar dos baladas seguidas, miró al público con una sonrisa y soltó:
«Van dos canciones lentas... porque soy mayor.»
Poco después, mientras el calor marbellí apretaba de verdad, volvió a desatar las risas comentando:
«Hace muchísimo calor, pero no puedo quitarme la ropa. Tengo 60 años... no hay nada sexy aquí debajo.»
Esa capacidad para reírse de sí mismo fue uno de los grandes hilos conductores de toda la noche. Nunca intentó parecer una estrella inalcanzable. Todo lo contrario: parecía disfrutar tanto hablando con el público como cantando.
Incluso hubo tiempo para prepararse un cóctel sobre el escenario y terminar regalándolo a algunos asistentes de las primeras filas, en otro de esos pequeños gestos que hicieron que el concierto resultara cercano e imprevisible.
Mucho más que un cantante de los ochenta.
Quien siga pensando que Rick Astley es únicamente la voz de un éxito mundial de 1987 hace tiempo que dejó de seguir su carrera.
El repertorio fue enlazando canciones como "Lights Out", "Together Forever", "Dippin' My Feet", "Waiting On You", "She Wants To Dance With Me", "Hold Me In Your Arms", "Dance", "Cry For Help", "Pretty Woman", "Raindrops", "Never Gonna Stop", "Whenever You Need Somebody", "Take Me To Your Heart", "Angels", antes del cierre con la canción que él mismo llama cariñosamente NGGYU, "Never Gonna Give You Up".
No hubo apenas respiro entre clásicos y canciones más recientes. Rick Astley demostró que su repertorio ha evolucionado con él, combinando la energía del pop que le convirtió en una estrella mundial con un sonido mucho más cercano al soul, el rhythm & blues y el rock que hoy define sus directos.
Su banda fue, sencillamente, espectacular durante toda la noche. Una formación sólida, elegante y tremendamente versátil que elevó cada canción. Hubo momentos con claras influencias soul y otros con un marcado aroma góspel que nos pusieron los pelos de punta.
Una noche de sorpresas e improvisación.
Durante "She Wants To Husband", Astley dejó el micrófono para sentarse tras la batería. No fue un simple guiño: demostró un dominio absoluto del instrumento, confirmando que detrás del cantante siempre ha existido un músico de enorme nivel.
Pero todavía quedaban más sorpresas.
Cuando una camiseta de AC/DC cambió el concierto.
Si hubo un instante que resumió la magia de lo imprevisible en Starlite fue este.
Rick Astley descubrió entre las primeras filas a un asistente con una camiseta de AC/DC, le pidió que se levantara y se diera la vuelta para que todo el auditorio pudiera verla y, acto seguido, se sentó tras la batería para interpretar una explosiva versión de "Highway to Hell" mientras cantaba y marcaba el ritmo con una sorprendente soltura.
No figuraba en el repertorio. Nadie lo esperaba. Fue uno de esos momentos que solo pueden surgir cuando un artista está disfrutando tanto como su público, y una muestra más de esa cercanía que hace tan especial la experiencia en Starlite, donde apenas unos metros separan el escenario de las primeras filas.
"Pretty Woman"... una versión con una historia muy especial.
Otro de los momentos más celebrados llegó con su versión de "Oh, Pretty Woman".
Antes de interpretarla, Astley explicó la curiosa historia que hay detrás de su relación con la canción. Recordó cómo le propusieron grabarla para la banda sonora de una película de Hollywood sobre un millonario que se enamora de una prostituta y confesó que, en un primer momento, el argumento le generó cierto escepticismo.
Fiel a su sentido del humor, volvió a bromear con el público asegurando que normalmente no le gusta hacer versiones, «pero esta sí que mola». Con unas gafas de sol puestas y un Starlite completamente entregado, defendió el clásico de Roy Orbison con personalidad propia, mientras el auditorio cantaba prácticamente cada verso.
Un agradecimiento a Starlite, y a los "ángeles" allí presentes.
Rick Astley quiso agradecer la acogida recibida y elogiar el escenario marbellí: «Muchas gracias de corazón a Starlite. Este lugar es absolutamente increíble. He tenido la suerte de tocar en escenarios maravillosos por todo el mundo y en lugares espectaculares, pero este es realmente imposible de superar. Es impresionante. Habéis creado algo realmente extraordinario».
Antes de continuar, quiso dar las gracias no solo al público, sino también a todas las personas que hacen posible Starlite cada noche. Se refirió como «ángeles» a quienes le acompañaban sobre el escenario y también a quienes trabajan entre bastidores, reconociendo el trabajo de todo el equipo que hace posible una producción de estas características.
Un mensaje lleno de gratitud, que dio paso a su tema "Angels".
El fútbol también encontró su hueco.
La noche tuvo, además, un ingrediente que nadie tenía en el guión. Mientras sonaba "Raindrops", España se clasificaba para las semifinales. La noticia fue corriendo entre el público hasta que el recinto estalló en un espontáneo «¡Oé, oé, oé!», convirtiendo durante unos segundos el concierto en una auténtica celebración futbolera.
Astley se unió al momento, y preguntó si había algún belga entre los asistentes. Cuando uno levantó la mano, el cantante le dedicó un simpático «Good luck», provocando otra gran carcajada colectiva.
"Spain won... so let's go dancing".
Si hubo una frase que resumió perfectamente el espíritu del concierto fue la que precedió al tramo final.
Con España ya victoriosa, el cantante levantó la voz:
«Spain won, so let's go dancing.»
Y lanzó la invitación definitiva que dio paso a uno de sus grandes éxitos:
«Are you ready?... Let's go to 1987.»
Y vaya si volvimos.
El viaje definitivo a 1987.
Lo que podría haber sido un simple momento de nostalgia terminó convirtiéndose en una celebración colectiva. Mientras sonaban los primeros acordes de "Never gonna give you up", las pantallas comenzaron a proyectar una sucesión de los innumerables memes que durante años han convertido al cantante británico en uno de los fenómenos virales más conocidos de internet.
Lejos de renegar de ello, Astley abrazó el fenómeno con la misma naturalidad y sentido del humor que había mostrado durante toda la noche. Resultó imposible no sonreír viendo cómo un artista que fue uno de los mayores iconos del pop de finales de los ochenta ha sabido convertir el famoso Rickroll en un aliado, riéndose de sí mismo y compartiendo la broma con un público entregado.
El público de Starlite respondió como cabía esperar: miles de voces cantando al unísono uno de los himnos más reconocibles de la historia del pop.
Una despedida llena de gratitud y humor.
Antes de abandonar el escenario, Rick Astley fue presentando uno a uno a los músicos que le habían acompañado durante toda la noche.
Cuando llegó el turno de presentarse a sí mismo, volvió a demostrar que el humor había sido uno de los grandes protagonistas del concierto.
Con una sonrisa, señaló hacia sí mismo y dijo:
«...y el que canta... con 60 años y un pelazo fantástico.»
Las carcajadas fueron tan sonoras como los aplausos.
La conclusión del concierto: mucho más que nostalgia.
Quien acudiera a Starlite esperando encontrarse únicamente con el cantante de "Never Gonna Give You Up" salió descubriendo algo mucho más interesante.
Rick Astley sigue siendo una de las grandes voces del pop británico, pero también un músico completísimo, un extraordinario batería, un líder de banda impecable y un artista que ha sabido envejecer sobre un escenario sin perder ni un ápice de autenticidad.
No necesitó artificios. No necesitó esconder el paso del tiempo.
Al contrario. Hizo de él una virtud, riéndose constantemente de sí mismo, improvisando cuando el momento lo pedía, compartiendo anécdotas con el público y demostrando que la experiencia puede ser el mejor aliado de un artista.
Durante el concierto dejó caer, además, que le gustaría volver a Starlite. Nosotros también estamos deseando que vuelva y que, como dice su tema más mítico, nunca nos abandone.