SIDONIE EN LA SALA APOLO - UN CONCIERTO FA-FA-FA-FA-FASCINANTE

Redactora Laura Sánchez; Fotografías Laura Sánchez y Óscar Lugo

El pasado 27 de febrero en la Sala Apolo de Barcelona Sidonie nos dejaron fa-fa-fa-fa fascinados. 

Y es que esa noche, el grupo catalán ofreció un directo muy potente y, a la vez, íntimo y muy cómplice con la ciudad, en el que presentaron su nuevo disco Catalan Graffiti, un trabajo cantado íntegramente en catalán que marca un giro emocional y artístico en la historia del trío.

El concierto arrancó con “Sé”, y desde ese momento la maquinaria emocional empezó a funcionar con precisión milimétrica. Las guitarras luminosas, el pulso rítmico impecable y la voz de Marc Ros guiando a la sala por ese territorio donde el pop psicodélico y el indie se encuentran con la nostalgia.

La banda fue desgranando canciones con una naturalidad que solo tienen los grupos que conocen muy bien el escenario. “Cede”“Abba”“Incendio” o “Cançons” fueron cayendo una tras otra, dibujando un paisaje sonoro donde el nuevo material convivía con temas ya clásicos del repertorio.

Lo interesante era observar cómo el público reaccionaba igual ante unas y otras. Las canciones nuevas no se sentían como un paréntesis; encajaban perfectamente en el ADN del grupo. Y eso dice mucho de la evolución de Sidonie.

A medida que avanzaba la noche, la sala entró en ese estado mágico en el que el público deja de ser espectador para convertirse en parte del concierto.

Con “Beatles”“Feliz” o “Por ti”, los coros se elevaban por encima del grupo, creando esa sensación tan característica de los conciertos de Sidonie: la de estar cantando entre amigos.

 

Marc Ros jugó constantemente con la complicidad y la cercanía. Entre canción y canción aparecían bromas, guiños y pequeñas historias que reforzaban esa relación tan familiar con el público barcelonés.

Y es que Sidonie y Barcelona tienen una relación muy especial. No solo porque sea su ciudad, sino porque muchas de sus canciones parecen haber nacido para sonar precisamente aquí.

No faltaron tampoco los momentos ya clásicos del grupo, esos pequeños rituales que los fans esperan en cada concierto:

- El paseo a caballito de Marc entre el públicorompiendo la barrera entre escenario y pista.

- El particular y ya famoso “striptease” de Jordi Bastida, uno de esos guiños escénicos que el guitarrista ha convertido en tradición y que desata siempre la ovación del público.

- El momento sitar de Jess, un instrumento que forma parte de la identidad del grupo y que aporta ese sonido hipnótico que conecta con las raíces más sesenteras de Sidonie.

 

- Y las actuaciones de Marc y de toda la banda en el centro de la sala, cantando prácticamente abrazados a los fans, dejando imágenes que resumen perfectamente el espíritu de Sidonie: cercanía, humor y un amor profundo por el directo.

En la recta final llegaron algunos de los momentos más celebrados. “Fascinado” y “Carreteras” desataron el canto colectivo de la sala, con la banda dejando que el público se apropiara de los estribillos.

Fue uno de esos finales en los que nadie quiere que se enciendan las luces.

Porque, cuando un grupo con casi tres décadas de trayectoria logra sonar tan vivo, tan cercano y tan ilusionado con su música, el concierto deja de ser solo un repertorio de canciones. Se convierte en algo más grande: un viaje compartido.

 

En la Sala Apolo, Sidonie no solo dio un directo impecable y cómplice. Demostraron que todavía tienen muchas carreteras infinitas por recorrerY nosotros queremos seguir recorriéndolas con ellos.

 
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