Oh, See! Málaga 2026: el festival que sigue creyendo en las canciones

 

Hay festivales que se miden por la cantidad de asistentes. Otros, por la altura de sus escenarios. Y después está el Oh, See! Málaga, que año tras año demuestra que su verdadero valor está en las canciones, en el ambiente y en esa forma tan particular de entender la música en directo.

La octava edición, celebrada los días 22 y 23 de mayo en el Auditorio Municipal Cortijo de Torres, volvió a confirmar que no hace falta un cartel desmesurado para construir un festival memorable. Su apuesta continúa siendo la misma: reunir algunas de las propuestas más interesantes del panorama nacional en un recinto cómodo, cercano y pensado para que el público viva cada concierto sin prisas y sin agobios.

Desde la primera actuación hasta el cierre de la segunda jornada, el Oh, See! respiró esa identidad que lo diferencia de otros eventos. Aquí no se viene únicamente a tachar nombres de una lista; se viene a descubrir bandas, a reencontrarse con artistas que ya forman parte de la banda sonora de una generación y a compartir dos días donde la música ocupa el lugar protagonista.

El cartel volvió a reunir a nombres consolidados de la escena independiente junto a proyectos emergentes que atraviesan uno de sus mejores momentos. Xoel López, Zahara, Veintiuno, Carlos Ares, Nena Daconte, Vera Fauna, Bauer, Repion, DenisDenis, Victorias, Paco Pecado o Sanguijuelas del Guadiana, entre otros, ofrecieron un recorrido por el mejor pop, indie y rock nacional, confirmando el excelente estado de forma de la música española.

Pero si algo define al Oh, See! es aquello que no aparece en los horarios. Las conversaciones entre concierto y concierto, los reencuentros con amigos, el sol cayendo sobre el recinto mientras comienza a sonar la siguiente banda o esa sensación de que todo sucede a la distancia justa para no perderse nada. Son pequeños detalles que terminan convirtiendo un festival en una experiencia.

Málaga ha encontrado en el Oh, See! una cita que no necesita reinventarse cada año para seguir creciendo. Su personalidad reside precisamente en mantenerse fiel a una idea sencilla: ofrecer buena música, cuidar al público y demostrar que los festivales de formato medio siguen teniendo mucho que decir en un calendario cada vez más saturado de grandes producciones.

Cuando las luces se apagaron y el recinto comenzó a vaciarse, quedó la sensación de haber asistido, una vez más, a uno de esos festivales que no buscan ser el más grande, sino el más auténtico. Y quizá ahí resida el verdadero secreto del Oh, See!: seguir poniendo las canciones por delante de todo lo demás.

 
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